Entrevistas | Memorias de Willy: criar un caballo es como criar un hijo

Nota: Esta serie de entrevistas son parte de un trabajo de historia oral que un grupo de jóvenes universitarios presentó en la clase de Historia de Puerto Rico, UPR Utuado… La Dra. Sandra A. Enríquez Seiders nos ha permitido su reproducción en el blog… Aunque estos jóvenes no son expertos en el tema, la riqueza de las anécdotas e historias que recogen sus entrevistas son un gran tesoro para nuestra raza…

 

Memorias de Willy: criar un caballo es como criar un hijo
Entrevista al Sr. José W. de Jesús
Por: Michelle M. de Jesús Aponte

Bueno, según he leído, en la historia de Puerto Rico, un tal Asencio de Villanueva, español, en el 1533 pidió y le fue concedido un permiso para traer de Andalucía caballos padres, para su potrero en Jayuya. Por eso el caballo de Puerto Rico tiene su origen en las raíces del cruce del caballo andaluz español, el caballo berberisco y el caballo soraya portugués. Según la selección de nuestros ancestros con el pasar de los años se desarrolló nuestro caballo de paso fino, puro puertorriqueño ya que más o menos desde 1920 en adelante se establecieron criaderos en Puerto Rico. Para mencionar algunos en Guayama Don Genaro Cautiño, criador del jefe de la raza Dulce Sueño, en Coamo Don Alfredo Alonso, en San Germán Don Francisco Gelpí, en Hormigueros Don Vicente Nazario, en Isabela Diego González, en Ponce la Sucesión Serralles y otros.

De esta manera fue que José W. De Jesús, comenzó a narrarme un poco sobre la historia del caballo de paso fino en Puerto Rico. “Willy” como todos lo conocemos nace en el pueblo de Jayuya un 23 de mayo de 1969. Actualmente reside en la barriada Hoyo Frío localizada en el pueblo de Jayuya. Se dedica a la cría y arrendamiento de caballos de paso fino, se inició en el deporte a la edad de 9 años. Comenzó asistiendo a competencias a través de Puerto Rico, visitaba criaderos con el señor Sigfredo Rodríguez y conoció muchos criadores, montadores y caballos de paso fino. Para esa época ya cuando tenía como 12 años conoció al señor Manuel Garrido, criador de famosos caballos, como lo eran, Calipso Jr. y Labriego, él visitaba la finca semanalmente porque estaba ubicada en el barrio Cialitos de Ciales, el cual quedaba muy cerca del pueblo de Jayuya. Don Manolín como le decían tenia un hato de yeguas de 20 a 30, de las mejores líneas de Puerto Rico, Kofresí, Cialitos, Alegreto y otras. Después a través de los años cuando ya tenía auto empezó a visitar y tener “tertulias” con criadores y montadores. Estos son Don Vicente Nazario, Alberto Bartolomey, Mimí Ramírez, Jimi Sosa, Manuel Pérez, Gory Ballester y montadores como Federico Ortiz, Manuel Roldan, Minín Kuilan, Don Cunda Figueroa y muchos otros.

Dijo: “De ellos aprendí mucho sus consejos, recuentos de historia y sus vivencias que de algún modo los he utilizado en mi vida”. A los 18 años José W. comenzó a criar caballos de paso fino pues le llamaba mucho la atención. Para él la raza del caballo puertorriqueño y la raza del caballo colombiano en su desarrollo son muy distintos, pero tienen un mismo origen que son los caballos traídos de España a través de Santo Domingo y de ahí, a Colombia. Explica que la única diferencia es que el caballo de Puerto Rico se cruzó siempre fino con fino y no se integró otra raza o modalidad. Lo contrario al caballo colombiano el cual es una liga de modalidades ya que en Colombia no había una raza definida como la trocha, trote, galope y de paso. Por eso el resultado en el cruce del caballo de Puerto Rico siempre tiene que ser la progenie un animal de paso fino de cuatro tiempos laterales que es una cualidad hereditaria transmitida genéticamente. De esta manera fue que José decidió criar y domar caballos de paso fino. A los 18 años comenzó a criar una yegua que le había comprado al señor Alberto Bartolomey, hija de su reproductor Renzo. “Yo buscaba características principales en esta línea, color definido, brío, tren posterior y sobre todo de cuatro tiempos laterales”. Esto es básicamente lo que él buscaba en su pedigree, ese fue su “pie de cría” ya que su genealogía también la respaldaba, así empezó con el pasar de los años. Según él, “criar un caballo es como criar un hijo, desde que nace, es preciso haberse levantado muchas madrugadas a buscar entre la niebla, el bulto negro, zaino o alazán del potro cuya venida esperábamos, no como una ilusión sino como algo parecido a la esperanza de un hijo.

En su desarrollo hay que observar sus defectos y sus virtudes, descifrar el carácter de nuestro alumno. Luego que nace hay que darle un buen cuidado al potro, ya que el caballo de paso fino es un animal herbívoro, pero en su desarrollo desde potro hay que suministrarle alimentos ricos en proteínas, la fibra que es esencial, agua disponible todo el tiempo y sobre todo desparasitar constantemente para que asimile su buena alimentación.”

En cuanto a la doma, “Willy” indica que es un tema muy discutido, pero él tiene su opinión y su plan de trabajo diario, porque a eso se dedica al arrendamiento de caballos. Este tema es básicamente dos cosas “psicología” y “paciencia”. Explica, “es muy importante para poder entender mejor su comportamiento y aprovechar sus enormes recursos, es indispensable aprender a pensar como ellos. Sabemos que el caballo desde su origen era un animal de captura, por esta razón el caballo ha desarrollado características para la defensa. El caballo está dotado de una excelente memoria y reconoce las voces y los ruidos con gran facilidad. Sabe demostrar gran afecto hacia quien demuestra ser su amigo, al igual que sabe pagar con la misma moneda a quien lo maltrata.”

Por eso siempre sostiene que no hay que basar la relación “hombre – caballo”, en las “imposiciones” si no en el “convencimiento”. Menciona que amistad y convencimiento dan un caballo bueno, voluntario y obediente; miedo e imposición dan un caballo nervioso y siempre dispuesto a la rebelión. Agrega que en una situación que se repite varias veces siempre de la misma forma determina en el caballo el reflejo condicionado, ya que tiene una gran memoria. La capacidad de aprendizaje varía de un individuo a otro y de una raza a otra. Indica que nunca debemos olvidar que también el caballo como nos sucede a nosotros puede tener días malos y tenemos que tratar de comprenderlos. Una relación “hombre – caballo” es la base de un buen adiestramiento. El primer requisito indispensable es la confianza, así cuando el animal confía en su jinete todos los problemas serán más fáciles, además hay que tener en cuenta el humor de nuestro alumno. Personalmente “Willy” empieza a arrendar los potros a la edad de 24 meses. Describe el proceso como uno en el que es esencial la calma y paciencia, ya que toma como 6 meses y al final como meta se obtiene un animal el cual lo pueda disfrutar cualquier miembro de la familia. Se empieza por descosquillar el caballo, esto se basa que acepte la silla de montar y los aperos desde el piso sin montar el caballo.

Esto es un proceso más o menos de dos semanas, después se empieza a montar el potro acompañado por un caballo adulto bien domado, para relacionarlo con el exterior. Esto se llama “amadrinar” por que de esta manera el potro adquiere más confianza, aludiendo que así es como se empieza a domar un potro de paso fino. A través de los años que lleva criando caballos ha observado vivencias que no se pueden encontrar en libros o revistas. Un ejemplo de esto es cuando nace un potro, desde que se empieza a parar, se inicia el sentido del olfato que es muy importante. El olfato es indispensable para la búsqueda del alimento. También es impresionante ver como distingue la madre por el olor, porque cuando nacen casi no tienen visión, sólo ven sombras. Otro punto que él expresa, es la forma de expresión de los caballos, como lo es el relincho, el sonido de diversa duración o volumen. José W. lleva 25 años en esto y define estos relinchos en tres formas, llamada para el potro, llamada para el sexo opuesto y llamada en las relaciones con el hombre.

Desde que nace el instinto lo lleva a buscar el pezón materno, coordinación de sus movimientos, buscar el pasto y buscar el sexo opuesto. El caballo de paso fino es un animal curioso por instinto. Argumentó: “A mi me ha pasado muchas veces que cuando el caballo se encuentra en un lugar que no conoce o algo que lo asuste, no se siente seguro, se vuelve desconfiado y no quiere rendir alguna tarea”. Le ha funcionado utilizar otros caballos como ejemplo para adiestrar los caballos que se encuentran en el proceso de la doma. Hay que recordar que el caballo es un animal de manada y en toda manada hay jerarquía, hecha de relaciones de “dominación” y “sumisión”. Esto lo podemos ver en una manada en estado salvaje en la que siempre hay un líder. Para él significa que el animal cuando ha aceptado ser adiestrado, ya hay una jerarquía sobre él, en la que el hombre le responde una posición dominante y a esto se somete el caballo, al mismo tiempo hay que tratarlo con la confianza y el respeto que le corresponde.

Mientras escuchaba las experiencias y hazañas de mi primo “Willy” me sentí muy orgullosa porque pude aprender un poco de sus conocimientos sobre los caballos de paso fino, aquellos que él ha aprendido al pasar de los años gracias a su valentía, paciencia, respeto y amor hacia los caballos. Por último, él aconseja que quien empiece en la cría de caballos debe tener más profunda observación en el comportamiento de los caballos, pues hay que recordar que el caballo de paso fino convertido en un animal doméstico necesita del hombre, de su presencia, afecto y de sus cuidados.

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