Artículos publicados bajo ‘mis caballos’

24
05
2007

Comanche

Posted in mis caballos by Romualdo | 3 Comments

A fines de los años 60 yo era el fanático número uno de la serie de televisión Gunsmoke… o La Ley del Revolver, cómo le llamábamos en español… no me perdía un episodio… tan así que uno de mis tío empezó a llamarme el Marshall Dillon, cómo el protagonista de la serie… Además del Marshall Dillon, mis otros favoritos eran Bonanza, El Hombre del Rifle (The Rifleman), El Gran Chaparral, El Llanero Solitario, The Wild, Wild West… ¡todo lo que tuviera que ver con vaqueros me gustaba!

Y un día, en medio de esa afición a todo lo que tuviera que ver con el “viejo oeste”, me regalaron un libro sobre las distintas razas de caballos… Era un libro para niños, pues yo tendría cerca de 10 años… y en lugar de hablar de las razas en sí, contaba una historia para cada una… y era, a través de la historia, que te llevaba a conocer cada raza en particular… Recuerdo que en lugar de fotos, el libro tenía ilustraciones… y hubo una en particular que llamó mi atención…

Comanche

La lámina mostraba una gran pradera llena de búfalos… y unos indios sobre sus caballos que, con sus arcos y flechas, perseguían un búfalo… los indios montaban unos caballos llamados Appaloosa que cautivaron mi imaginación… así que unas semanas más tarde ya había hecho a mi madre recorrer todas las librerías del área metropolitana hasta encontrar un libro sobre los caballos Appaloosa…

Un año más tarde, mi abuelo me invitó a la finca de los Ubarrí… además de ser amigos, mi abuelo (por parte de padre) tenía caballos en el hipódromo y ellos criaban caballos de carrera… así que el viaje al potrero no me sorprendió… pero al llegar allí, me encontré con la sorpresa de que ellos tenían un grupo de yeguas Appaloosa… y el verdadero propósito del viaje es que yo viera, en carne y hueso, esos caballos que tanto me gustaban…

Pasaron unos meses y mi abuelo me enseñó las fotografías de dos potros Appaloosa de 18 meses para que escogiera cuál me gustaba… la primera, un hermoso potro leopard, y la otra, uno zaino cebruno con blanket, ¡igualito a la lámina que hacía casi dos años me había cautivado!…

Comanche (ese fue el nombre que le puse) era hijo de Poteet Dandy en Freckles Checo, y había nacido en Ft. Lauderdale, Florida… y aunque nunca me dijeron, creo que fue a través de los Ubarri que lo consiguió mi abuelo…

Ya una vez en la finca, Comanche era la sensación del barrio… tanto por su color… como por su velocidad, porque en esa época nos gustaba hacer carreras y Comanche siempre llegaba en primer lugar… aunque debo reconocer que uno de mis primos tenía un caballo canario – El Rubio – que le daba la pelea…

Comanche

A Comanche lo tuve por varios años… pero, aunque era un animal dócil, la verdad, le tenía un poco de respeto al caballo… todavía me acuerdo un día que íbamos, mis primos y yo, paseando por la carretera… cuando de repente, venía un camión tocando la bocina… Comanche se puso nervioso… y aunque siempre pude controlarlo, el susto que pasé fue monumental… Así que un día le dije a mi abuelo y él se lo llevó para el hipódromo… allí trabajo de “pony” por muchos años, llevando los caballos a traquear a la pista…

Como diez años más tarde, durante un verano, tuve la oportunidad de participar con mis primos en unos rodeos en el Guaynabo Riding Club… y estoy seguro que si hubiera tenido a Comanche en ese tiempo, de verdad lo hubiera aprendido a disfrutar… tan es así, que si tuviera una finca y la oportunidad de tener varios caballos… uno de ellos sería un Appaloosa…

20
05
2007

Mi primer caballo

Posted in mis caballos by Romualdo | No Comments

Durante los próximos días quiero irles contando sobre algunos de los caballos que he tenido durante los años… cada uno de ellos tiene una historia particular… y cada uno de ellos me enseñó algo o dejó una huella en mi vida…

caballito de juguete

Mis primeras navidades fueron a escasos dos meses de haber nacido… y debajo del arbolito de navidad, en casa de mi abuelo, recibí mi primer caballito de juguete… A este le siguieron otros, hasta que a mis cuatro o cinco años, recibí ¡mi primer caballo de verdad!… era un Shetland Pony color blanco y le pusimos por nombre Macarroni…

Macarroni

En esa época ya nos habíamos mudado de a Guaynabo… y Macarroni transcurría su vida entre la finca en Naranjito y la casa de mi abuelo en Guaynabo… Para ese entonces (a mediados de los 60) Guaynabo no estaba urbanizado como ahora… y mi abuelo tenía una pequeña jaulita en el patio de su casa… También recuerdo que cuando lo llevábamos para la finca en Naranjito, mi abuelo sacaba los asientos de su “Rambler” y Macarroni se montaba en la parte de atrás…

Macarroni era un pony “polifacético” lo mismo podía montarse, que podía halar un “quitrín”… y mi abuelo solía pasearme en el quitrín por toda la urbanización donde él vivía… También, cuando había un cumpleaños, Macarroni era la atracción de la fiesta y todos mis amiguitos querían dar un paseito…

Macarroni

Pero Macarroni no sólo fue mi primer caballo… sino que fue ¡el primer caballo del que me caí!!!… Lo siento, pero nadie puede llamarse “caballista” si nunca se ha caído o ha cogido una patada de un caballo…

En la finca teníamos un picadero al lado de las cuadras… le llamábamos el “redondel”… y una mañana me ensillaron a Macarroni para que le diera una vueltita… pero, quien puso la silla, no apretó el cincho lo suficiente… así que pasó lo inevitable: la silla se volteó y yo visité la lona por primera vez…

Que decirles… el saldo fue que perdí los dos dientes de al frente… y cómo todavía eran dientes de leche, estuve mella’o por mucho tiempo… pero esto son gajes del oficio… y aunque no le cogí miedo a los caballos, aprendí que si uno no es el que apera, al menos debe verificar que todo esté bien puesto…

Macarroni

No recuerdo en que año murió Macarroni… no murió en casa de mi abuelo, ni en la finca… resulta que como causaba tanta sensación en los cumpleaños, un día se lo pidieron prestado a mi abuelo… y como quien lo pedía era Luis Muñoz Marín, mi abuelo dijo que sí… Esa tarde, después de hacer su tarea y pasear a todos los niños que habían ido a la fiesta… le pusieron un cubo lleno de alimento al frente… y Macarroni se lo comió completo…así que tuve mi segunda gran lección, a los caballos les puede dar cólico… y si no se atiende a tiempo, puede ser fatal…

Bueno, esta es la historia de mi primer caballo… un par de años más tarde, a mi primo le regalaron una pony a la que llamó Graces (en honor a la enanita Graces de la Vega que salía en televisión) y heredaba el quitrín de Macarroni…